lunes, 27 de junio de 2016

El zombi se levanta




   Ya no sabemos que hacer. El agua bendita, el ajo, las obras completas de Vazquez de Mella lanzadas a mano, las fotos de Franco, los menús de Ana Botella, las armas secretas desintegradoras USA, las frutas podridas de Andorra, la munición de grueso calibre bendecida de Donald Trump, la contabilidad completa de las empresas de Esperanza Aguirre o los sumarios de Granados, nada ha sido posible para lograr que el Gran Zombi no volviera a levantarse. No se ha descubierto que pócima de brujas toma pero a buen seguro es un precursor reforzado de la de Axterix.

    El Gobierno lo tendra porque siempre habra pujoles nacionalistas dispuestos a echar una mano como toda la vida. Y aunque el PNV sea otra cosa son nacionalistas de los que siempre echan una mano y ponen la otra para cobrarse el favor, como toda la vida, oiga, que pasaba incluso con la II República. Pero en el dia a día lo va a tener dificil y estaremos abocados a no terminar la legislatura. En enero subirá 1 euro a los pensionistas y se reira de los jubilados dicendo "hemos subido las pensiones". Es un sadico ¿Saben?

   El Ministro del Interior decidirá a que convento se retira aunque ahora parece que en el Parlament encuentran problemas legales para dar la justa patada a De Alfonso. Esta por ver si lo consiguen o le tienen que aguantar hasta el 2020. ¿Y quien aguanta ahora al panegirista Marhuenda arrastrando por los platós la mochila del almibar de Mariano? Es un panorama horrible.

   Bueno, que nos sea leve, y a seguir. Alguna vez escampará el robo, los sobres nos tememos que no.

Caradeplata.


sábado, 25 de junio de 2016

Sobre Fernández y el humorista que dijo ser y llamarse "El Zorro"

 

"Ha pasado tanto tiempo... pero el Zorro era famoso por la cantidades de voces y personajes que podia interpretar. Creo que era argentino al menos murió alli. Y entre sus muchas voces, hubo una que nunca salio, la de ·"Fernández". Pero el narrador todas las noches de actuacion seguia contando lo mismo con acento porteño "Y del finado Fernandez nunca mas se supo"... en medio de la carcajada nacional."

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Carlistas Todos


 

viernes, 24 de junio de 2016

Tu voto es una bala en el fusil de la metáfora: dispara el 26


PARTIDO CARLISTA


Tu voto es una bala en el fusil de la metáfora: dispara el 26

QUE SE VAYAN LOS QUE ESTAN

Caradeplata

lunes, 16 de noviembre de 2015

El general Alaman retirado bien conocido por sus posiciones ultras ha dicho una verdad...





  Lo de Paris no es un atentado sino una accion de guerra.
  Le damos toda la razon. Ya basta de eufemismos como los del PP, las cosas por su nombre: Un comando islamista ha asesinado en Paris con la intencion de vengarse y amedrentar. Igual que hicieron los nazis en su tiempo con las V2 sobre Londres, los Aliados sobre Dresde y los americanos en Japon. Los nazis fracasaron, los americanos no, a costa de cientos de miles de muertes gratuitas de civiles, a eso se le llama siempre terrorismo en guerra.

   Es una guerra contra el Estado Islamico, que SI tiene territorio y que debe perder por medios militares si es que Europa tiene valor para ello que es dudoso hoy por hoy. Y el Parlamento Español y la OTAN deberia de declarar esa guerra de acuerdo con la legalidad vigente y dejarse de chorradas engañosas como correspònde al Gobierno de Rajoy. A la vez leemos la miseria que dedica el mundo a ayudar a Africa. ¿Como no va a haber terrorismo y Estado Islamico si hay negocio de armas como siempre y cada vez mas peligroso y un ejercito infinito de desesperados que o se arrastraran hasta las las vallas y alambradas europeas o cambiaran de fe para irse a inmolar en nuestras calles.

Todo eso y su solucion es asunto de dinero para los mercaderes europeos, pero deberia de ser un ejercicio de voluntad de verdad. Pero no lo vemos. Y ya tardan.

Pero seguimos sin verlo. El infierno palestino y el olvido saharaui siguen y en España todavia arrastramos el fascismo desde la guerra civil pero por otros medios. Por eso siguen ahi las cunetas cerradas, el cinismo cruel de un Partido Popular que se dice liberal y es otra cosa y la apelacion de siempre al miedo para que el miedo infunda prudencia y cobardia, eso siempre se les dio bien a los de Fraga y Aznar.

Caradeplata.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Reflexiones Catalanas: La Desconexion Imposible




Tanto follon para esto. Mas y Mariano parecen dos pugiles agotados que se apoyan el uno en el otro para no caerse sobre la lona electoral. Y desde luego los atentados en Paris han hecho que el foco se desvie hacia espectaculos mas morbosos y aterradores. No tienen suerte. Mas se ha afiliado al masoquismo duro con la CUP y ahi le tienen humillandose una y otra vez a ver si le dejan si acaso unos meses mas ejercer de President, lo que desde luego no va a pasar. Mi pronostico es o nuevas elecciones (poco probable) o President otro. Pero entonces el balon cambiara de campo y ya veremos si en CDC tragan con un candidato de la CUP. 

Y Mariano metido a Batman en Gotham España revolotea sobre las ruinas humeantes del Partido Popular que sin embargo acaba de recibir una importante inyeccion de como lo llamen y saca pecho hablando de la unidad contra el terrorismo que permitio acabar con ETA. No sabemos que pelicula ha visto pero no es la nuestra. Por un lado el discurso de su partido es que ETA sigue vigente, con que se da de piños con la realidad. Y la otra realidad no soñada ni deseada por Mariano, aparentemente, es que ETA decayo por el acoso economico, la falta de mensaje valido politico y otras circunstancias que desconocemos pero no desde luego por la "Unidad" de los partidarios del garrote tentesieso y homenaje mortuorio al que se adhirio su partido durante años, y que desde luego a mas represion mas ETA. Esa es la pelicula que vimos muchos desde el estreno. Pero a lo mejor es que Mariano va mucho a ver Cine de Barrio. 

Lo que la CUP entiende o da a entender, porque no lo explica claramente, por "Desconexion" seria dificilisimo, tanto como recoser con exito una cabeza decapitada a un cuello borbonico galo. Aun en el caso de estar ambas partes de acuerdo en el hecho. Pero todos sabemos que no es asi y encima las partes no son dos sino mas, algunas mas. Pero metidos a cuentacuentos que es una moda argentina no valemos todos, vease el ultimo mensaje acuoso de los Borbon Parma, Carlos Javier falsamente llamado "Pretendiente Carlista" cuando la verdad es que nadie le ha leido pretension alguna ni repudio de los Borbones herederos de Franco sino lo contrario en sus familiares, no se sabe con que fin ya que estan de acuerdo en tanto con Zarzuela y su Santa Transicion, suponemos que testaferros no. 

Los de la CUP que no son tontos, estan poniendo Todo en condicional y en futuro para evitar las cataratas del Constitucional al servicio de quien sea o lo nombro. Y que ese momento se demore todo lo posible. Cuando la CUP afirmo al terminar el recuento que no tenian suficiente apoyo en votos para la independencia dijo la verdad. Pero la verdad para algunos politicos, muchos de derechas y unos cuantos en la izquierda es algo que se puede usar como un chicle y ese es un claro ejemplo.

La gente del comun piensa que eso de la Desconexion es algo complicado pero factible y desde luego que no lo es. Si la CUP llega a controlar de verdad, preparense a ver disposiciones catalanas que vendran a decir algo asi como "Y hasta que se regule por el Parlament la ley correspondiente, se aplicara la legislacion española anterior a la independencia para evitar un vacio legal...". Es verdad que ya se estan curando en salud dando publicidad a una lista de temas supuestamente urgentes pàra su debate y aun no se han puesto de acuerdo sobre el President, sobre los que legisle un Parlament independiente pero ¿Que legislacion seguira su Republica? Sobre eso no hay nada decidido, President de la Republica, Primer Ministro ¿Como va a ir todo eso? Pues de ninguna manera por haberse apresurado tanto y el abismo del vacio legal se los tragara a todos. Y eso por no hablar de la banca, de la energia, los transportes, la hacienda, la seguridad, los impuestos y todo lo que quieran imaginar: Si ya era muy dificil estando de acuerdo las dos presuntas partes, que no lo son sino mas, en esta situacion es imposible sean cuales sean los brindis al sol de la Historia que hagan los politicos y cargos del Parlament. Y no hay mas.

Cuando no se tiene mayoria numerica estable de votos lo que hay que hacer es trabajarselo como han hecho en otras partes con resultrados dispares. Pero cuando se tapa la corrupcion y los problemas sociales afirmando que todo lo arregla la independencia (¿Va a financiar Soros, Israel o los chinos al futuro Estado Catalan?)  con la bandera y el santo grial de la independencia se acaba arrastrado por el trineo de los renos de Madrid. Ha pasado y volvera a repetirse para desgracia general de catalanes y españoles al darle al Partido Popular suficiente oxigeno, acrecentado por el terrorismo de estos dias como para, apoyandose en Ciudadanos seguir todo igual. Y como el PSOE no va a tener suficiente y Podemos ni lo sueñe, repetimos que este es un pais muy conservador con el franquismo sociologico vigente, pues res de res, que dicen por alla. 

Y eso de esconder la no mayoria de votos en eso del "mandato democratico" de unas elecciones autonomicas pues no cuela. Y fracturar la sociedad catalana pasara su factura en su momento, que a lo mejor es lo que le conviene a Ciudadanos y Partido Popular.

De modo que todo este lio para lo mismo. Ni siquiera les va a valer el recurso heroico de exiliarse llevandose la bandera. Lo mismo para Mariano el mentiroso en sede parlamentaria que pese a eso tiene sus fans incondicionales como los de los Rollings. En fin, tenemos lo que nos merecemos. No fuimos capaces de plantar cara en la Transicion y como dice ahora Anguita con toda la razon, hemos sido derrotados para yo creo mucho tiempo. Han destrozado, comprado, los movimientos obreros, han descafeinado y ademas recortado las banderas de la izquierda, han reducido el socialismo aquel del PSOE que tantas vacaciones tuvo a un mayordomo del Capital pero vergonzante, bajo la etiqueta de progresismo antiliberal que no va a ninguna sitio salvo a reducir minimamente los destrozos.

Señores, las banderas rotas de Labordeta estan aqui desde siempre. No nos engañemo. Pero tambien recordando a Sacco y Vanzetti, "Hay que seguir seguir...".

Carade plata.

P.S. El Partido Carlista ni esta ni se le espera. A algunos les gusta tocar el arpa en el salon del angulo oscuro. Y siguen en lo mismo.


domingo, 14 de septiembre de 2014

El noble arte de escribir censurado en internet...




En el yermo de las almas de los que censuraron, y destruyeron textos ajenos, simplemente por su capricho vestido de inspiracion ideologica cuando no por pura teologia del Yo, estoy seguro que debe haber un punto de arrepentimiento y dolor. Compararse a premios Nobel con pasado como Cela y seguir en su estela de comportamiento pasado debe ser algo muy gratificante. Tanto como llevar la cola de langostino de Cañizares en Valencia y encima pretender que es por obediencia y acatamiento a Dios cumplido.

¿Por qué? No se sabe. Mejor no preguntar, callar siempre, que el dolor del texto muerto sea el vino amargo del autor rebelde como no podia ser menos, rebelde por libre. Jueces y fiscales de los bytes se arremolinan en las puertas de las iglesias inquisitoriales para ejercer su magisterio ligeramente despreciable. Hay que hacerlo argumentaran los relojes parados de la ortodoxia de un anteayer que nadie recuerda salvo las lapidas de los panteones. Libertad contestaran las piedras arrojadas al ribazo. Pensar gritara quien piense y no recorte ni mate. Triste pais con ciudadanos erigidos en naciones de una persona, maestros de sabiduria de siglos, empeñados en enseñar papeles blancos de viejas leyes borradas por la falta de uso y el olor que viene de la Villa mayor del Reino. Subamos de nuevo a la nube de los sueños y reposemos a la sombra de los cipreses de Silos, o sea, como siempre...

Caradeplata.

martes, 18 de febrero de 2014

Sobre la Tercera España de Manuel Chaves Nogales






"A Sangre y fuego" es una obra del autor de Quo Vadis. A mi me encanto por su mensaje. Pero tambien es el titulo de una recopilacion de 9 relatos del periodista sevillano Manuel Chaves Nogales sobre la guerra civil, a la altura de los mejores, de Ramon J Sender, de Garcia Serrano, de Foxa o de tantos otros, mas en el bando republicano que en sus contrincantes.

En la edicion de 2006 de Espasa Calpe el prologo de Ana R Cañil, bien conocida hoy por obras propias de la misma tematica, es genial. Pero para hablar de la Tercera España mejor seria dejar hablar al autor y como define en pocos trazos la impresion de aquella España que llego a repugnarle en los dos bandos aunque el suyo fuese el republicano.

Dice Ana R. Cañil en su prologo a "A sangre y fuego":

"Se podría decir que una vez estallada la Guerra Civil, Chaves Nogales intenta pertenecer a una tercera España imposible, alejada de los radicalismos de uno y otro extremo, una equidistancia que no evade en ningún caso su apuesta republicana, pero que la matiza instrumentalmente en relación a la horrible realidad del enfrentamiento entre españoles. Andrés Trapiello, que ha teorizado la posibilidad de esa tercera España en su clásicoLas armas y las letras. Literatura y Guerra Civil 1936-1939, escribe en ese libro que aquélla no fue una guerra civil entre dos Españas, como erróneamente creyeron muchos durante demasiados años siguiendo la idea de hombres perspicaces como Machado o Unamuno, sino la determinación de dos Españas minoritarias y extremas para acabar con la otra, la mayoritaria tercera España, en la que podían haberse integrado gentes de toda condición, edad, clase e ideología, excluyendo de ella a aquellas otras dos, la fascista por un lado, y
la anarquista, comunista, trotskista o socialista radical por otro, tratando de ensayar a toda costa revoluciones que ya habían salido triunfantes en la Unión Soviética, en Alemania o en Italia."

(Entrevisté a Trapiello cuando publico El Buque Fantasma. Un buen tipo de izquierdas, se lo aseguro).

Y el autor en su propio prologo se sincera de forma atroz

"Yo era eso que los sociólogos llaman un «pequeño burgués liberal», ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente, que en mi país había monopolizado tradicionalmente los medios de producción y de cambio —como dicen los marxistas —, ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando periódicos y escribiendo artículos, reportajes, biografías, cuentos y novelas, con los que me hacía la ilusión de avivar el espíritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el interés por los grandes temas de nuestro tiempo.

Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista; pero, a fin de cuentas, a costa de buenas y malas caras, de elogios y censuras, yo iba sacando adelante mi verdad de intelectual liberal, ciudadano de una república democrática y parlamentaria.

Si, como me ocurría a veces, el capitalismo no prestaba de buen grado sus grandes rotativas y sus toneladas de papel para que yo dijese lo que quería decir, me resignaba a decirlo en el café, en la mesa de la redacción o en la humilde tribuna de un ateneo provinciano, sin el temor de que nadie viniese a ponerme la mano en la boca y sin miedo a policías que me encarcelasen, ni a encamisados que me hiciesen purgar atrozmente mis errores. Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistemáticamente a creer en la virtud salutífera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evolución. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario.

En realidad, y prescindiendo de toda prosopopeya, mi única y humilde verdad, la cosa mínima que yo pretendía sacar adelante, merced a mi artesanía y a través de la anécdota de mis relatos vividos o imaginados, mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad; es decir, una aversión natural al único pecado que para mí existe, el pecado contra la inteligencia, el pecado contra el Espíritu Santo.

Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. ¿Por dónde empezó el contagio? Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. Después de tres siglos de barbecho, la tierra feraz de España hizo pavorosamente prolífica la semilla de la estupidez y la crueldad ancestrales. Es vano el intento de señalar los focos de contagio de la vieja fiebre cainita en este o aquel sector social, en esta o aquella zona de la vida española. Ni blancos ni rojos tienen nada que reprocharse. Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España.

De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. Me consta por confidencias fidedignas que, aun antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid había tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que había que adoptar contra el posible triunfo de la revolución social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable.

Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional. Un consejo obrero, formado por delegados de los talleres, desposeyó al propietario de la empresa periodística en que yo trabajaba y se atribuyó sus funciones. Yo, que no había sido en mi vida revolucionario, ni tengo ninguna simpatía por la dictadura del proletariado, me encontré en pleno régimen soviético.

Me puse entonces al servicio de los obreros como antes lo había estado a las órdenes del capitalista, es decir, siendo leal con ellos y conmigo mismo. Hice constar mi falta de convicción revolucionaria y mi protesta contra todas las dictaduras, incluso la del proletariado, y me comprometí únicamente a defender la causa del pueblo contra el fascismo y los militares sublevados. Me convertí en el «camarada director», y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid, al frente de un periódico gubernamental que llegó a alcanzar la máxima tirada de la prensa republicana, nadie me molestó por mi falta de espíritu revolucionario, ni por mi condición de «pequeño burgués liberal», de la que no renegué jamás.

Vi entonces convertirse en comunistas fervorosos a muchos reaccionarios y en anarquistas terribles a muchos burgueses acomodados. La guerra y el miedo lo justificaban todo.
Hombro a hombro con los revolucionarios, yo, que no lo era, luché contra el fascismo con el arma de mi oficio. No me acusa la conciencia de ninguna apostasía. Cuando no estuve conforme con ellos, me dejaron ir en paz. Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas.

Los «espíritus fuertes» dirán seguramente que esta repugnancia por la humana carnicería es un sentimentalismo anacrónico. Es posible. Pero, sin grandes aspavientos, sin dar a la vida humana más valor del que puede y debe tener en nuestro tiempo, ni a la acción de matar más trascendencia de la que la moral al uso pueda darle, yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo. Se paga caro, desde luego. El precio, hoy por hoy, es la Patria. Pero, la verdad, entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguis de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo, por la parte habitable de mundo que nos queda, aun a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia. De cualquier modo, soporto mejor la servidumbre en tierra ajena que en mi propia casa.

Cuando el gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia, abandoné yo el mío. Ni una hora antes, ni una hora después. Mi condición de ciudadano de la República Española no me obligaba a más ni a menos. El poder que el gobierno legítimo dejaba abandonado en las trincheras de los arrabales de Madrid lo recogieron los hombres que se quedaron defendiendo heroicamente aquellas trincheras. De ellos, si vencen, o de sus vencedores, si sucumben, es el porvenir de España.

El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes —según la imagen clásica— va a mantener en servidumbre a los celtíberos supervivientes, puede salir indistintamente de uno u otro lado. Desde luego, no será ninguno de los líderes o caudillos que han provocado con su estupidez y su crueldad monstruosas este gran cataclismo de España. A ésos, a todos, absolutamente a todos, los ahoga ya la sangre vertida. No va a salir tampoco de entre nosotros, los que nos hemos apartado con miedo y con asco de la lucha. Mucho menos hay que pensar en que las aguas vuelvan a remontar la corriente y sea posible la resurrección de ninguno de los personajes monárquicos o republicanos a quienes mató civilmente la guerra.

El hombre que encarnará la España superviviente surgirá merced a esa terrible e ininteligente selección de la guerra que hace sucumbir a los mejores. ¿De derechas? ¿De izquierdas? ¿Rojo? ¿Blanco? Es indiferente. Sea el que fuere, para imponerse, para subsistir, tendrá, como primera providencia, que renegar del ideal que hoy lo tiene clavado en un parapeto, con el fusil echado a la cara, dispuesto a morir y a matar. Sea quien fuere, será un traidor a la causa que hoy defiende. Viniendo de un campo o de otro, de uno u otro lado de la trinchera, llegará más tarde o más temprano a la única fórmula concebible de subsistencia, la de organizar un Estado en el que sea posible la humana convivencia entre los ciudadanos de diversas ideas y la normal relación con los demás Estados, que es precisamente a lo que se niegan hoy unánimemente con estupidez y crueldad ilimitadas los que están combatiendo.

No habrá más que una diferencia, un matiz. El de que el nuevo Estado español cuente con la confianza de un grupo de potencias europeas y sea sencillamente tolerado por otro, o viceversa. No habrá más. Ni colonia fascista ni avanzada del comunismo. Ni tiranía aristocrática ni dictadura del proletariado. En lo interior, un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra. Rojo o blanco, capitán del ejército o comisario político, fascista o comunista, probablemente ninguna de las dos cosas, o ambas a la vez, el cómitre que nos hará remar a latigazos hasta salir de esta galerna ha de ser igualmente cruel e inhumano. En lo exterior, un Estado fuerte, colocado bajo la protección de unas naciones y la vigilancia de otras. Que sean éstas o aquéllas, esta mínima cosa que se decidirá al fin en torno de una mesa y que dependerá en gran parte de la inteligencia de los negociadores, habrá costado a España más de medio millón de muertos. Podía haber sido más barato.

Cuando llegué a esta conclusión abandoné mi puesto en la lucha. Hombre de un solo oficio, anduve errante por la España gubernamental confundido con aquellas masas de pobres gentes arrancadas de su hogar y su labor por el ventarrón de la guerra. Me expatrié cuando me convencí de que nada que no fuese ayudar a la guerra misma podía hacerse ya en España.

Caí, naturalmente, en un arrabal de París, que es donde caen todos los residuos de humanidad que la monstruosa edificación de los Estados totalitarios va dejando. Aquí, en este hotelito humilde de un arrabal parisiense, viven mal y esperan a morirse los más diversos especímenes de la vieja Europa: popes rusos, judíos alemanes, revolucionarios italianos..., gente toda con un aire triste y un carácter agrio que se afana por conseguir lo inasequible: una patria de elección, una nueva ciudadanía.No quiero sumarme a esta legión triste de los «desarraigados» y, aunque sienta como una afrenta el hecho de ser español, me esfuerzo en mantener una ciudadanía española puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme.

Para librarme de esta congoja de la expatriación y ganar mi vida, me he puesto otra vez a escribir y poco a poco he ido tomando el gusto de nuevo a mi viejo oficio de narrador. España y la guerra, tan próximas, tan actuales, tan en carne viva, tienen para mí desde este rincón de París el sentido de una pura evocación. Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera. A veces los personajes que intento manejar a mi albedrío, a fuerza de estar vivos, se alzan contra mí y, arrojando la máscara literaria que yo intento colocarles, se me van de entre las manos, diciendo y haciendo lo que yo, por pudor, no quería que hiciesen ni dijesen.

Y luchando con ellos y conmigo mismo por permanecer distante, ajeno, imparcial, escribo estos relatos de la guerra y la revolución que presuntuosamente hubiese querido colocar subspecie ceternitatis. No creo haberlo conseguido.

Y quizá sea mejor así.

Montrouge (Seine), enero-mayo de 1937.

Un libro absolutamente imprescindible. Hay que leer a Manuel Chaves Nogales para saber porque estamos luchando hoy en España para sobrevivir. Y dejense de etiquetas.

Caradeplata.